“Según cómo podamos afrontar y responder a este cúmulo experiencial será la arquitectura del ‘qué vendrá’”

“Según cómo podamos afrontar  y responder a este cúmulo  experiencial será la arquitectura del ‘qué vendrá’”

Por: Fernando Pérez – Psicólogo

Mientras comienzo a redactar el texto caigo en la cuenta de que van exactamente 67 días desde que fue declarada la cuarentena obligatoria en nuestro territorio nacional, algunos más en otros países, algunos menos en otros. Todos los sujetos nos vimos repentinamente en una situación sin precedente o representación respecto a una situación como la actual.
Más de una generación actual vivió procesos dictatoriales, crisis económicas severas, e incluso guerras, no obstante, una pandemia con el alcance globalizante como la actual es absolutamente novedosa.
Trenque Lauquen hoy parece una isla (sin casos en la actualidad) en la que la mayoría de los impactos coyunturales determinan la posibilidad de desarrollo de sus actividades y su funcionamiento habitual. La ciudad, así como el país o el mundo mismo, se ve afectada por los efectos de la pandemia. No hay ciudadano que no esté al tanto de las últimas noticias sobre las que se hace mayor hincapié (…) Ahora bien, ¿Cómo puede afectar esto psíquica o psicológicamente a un individuo?
La respuesta, si es que la hay, es sumamente complicada ya que las posibilidades variarán de sujeto a sujeto y a múltiples condiciones.

 “Normalidad”
En una primera instancia la noticia que impactaba al mundo llegaba a nuestra localidad, bares, comercios, reuniones de amigos, ámbitos laborales, etc., pasaron a restringirse como medida preventiva frente al posible contagio o propagación del virus. Esta situación rompió con un hábito que a lo largo de nuestra vida hemos heredado y construido y que bien hemos denominado como “normalidad”.
El impacto mental provisto por una situación novedosa y desconocida desafía a nuestra mente a la difícil tarea de comprender y asimilar lo sucedido. Una de las primeras y principales reacciones o afectos generados por esto fue el miedo, que en tanto mecanismo defensivo no sería más que un indicador saludable de nuestro organismo u organización mental. ¿Puede este miedo transformarse en un más allá de una medida defensiva saludable?
El miedo pasó aquí a convertirse en una especie de membrana sumamente sensible a los distintos estímulos, cualquier cuestión cotidiana con un vecino, comerciante, o hasta profesional de la salud pasó a ser percibida desde una posición de rechazo dado el continuo incremento de percepciones sentidas como “peligrosas”.
Con el correr de los días el miedo se transformó en una especie de “perseguidor interno” que podía ser manifestado en dificultades para dormir, pérdida de apetito, sensaciones panicosas o ataques de angustia, fomentando la idea de que lo malo está afuera y frente a eso hay que defenderse. (…) El estar en el hogar pasó a ser percibido como una situación de encierro en donde grandes montos de angustia pudieron haber tenido lugar, y es que si… quién no se preguntó: ¿Y ahora qué va a pasar con esto, estaremos en riesgo, hasta cuándo será?

 Reacciones defensivas
La ira, el cólera, y la sensación de injusticia son otro tipo de expresiones netamente observables que pueden ser pensadas como respuesta frente a una multiplicidad de inhibiciones y pérdidas que acompañan la situación actual, que desafían nuestra propia tolerancia a la frustración de una situación que no cesa de frustrar (…) Al correr de los días cuando la situación pasó a estar más dentro de lo que podemos considerar como un hábito, y nuestras posibilidades adaptativas comenzaron a tener lugar, dichas ansiedades comenzaron a disminuir.
No sólo fueron ansiedades las despertadas con la situación, también fue sorprendente (al menos para mí) cómo ciertas personas lograron una estabilidad interna aún mayor a la previa al respecto de la cuarentena… ¿Cómo pudo suceder esto? Es posible que aquellas personas que tuvieron la posibilidad de sostener sus estructuras fundamentales estables (trabajos, viviendas, núcleos familiares) hayan manifestado una notoria disminución en sus montos de angustia o preocupaciones cotidianas que las exigencias del medio externo diario les conllevaba.

El futuro
¿Como seguirá la vida después de esto? A mi entender la respuesta a esta pregunta va a depender de nuestra posibilidad de duelar. El duelo es considerado como la reacción tras una pérdida importante para nuestra mente (un ser querido, un amor, ideal, etc) tras la cual todos los lazos afectivos ligados a dicho “objeto psíquico” son retraídos hacia uno mismo para luego, (si el proceso de duelo sigue su rumbo esperado) ser depositados en otras situaciones u objetos pasibles de ser investidos con dichos afectos. Todos con la pandemia hemos perdido… hemos perdido libertad, certezas, sensaciones de seguridad, proyectos. Según como podamos afrontar y responder a este cúmulo experiencial será la arquitectura de este “que vendrá”.
Si las pérdidas fueron elaboradas de una forma más o menos saludable es posible que tras esta pandemia puedan surgir ciertas posibilidades, tal vez inexistentes, de no haber ocurrido este acontecimiento (…) Como psicólogo pienso y tengo la esperanza que esta situación que nos ha expuesto en su extremo los límites de la humanidad, también pueda ser una posibilidad para despertar o mostrarnos nuestras aptitudes, tal vez ahora, y más que nunca, dependerá de nosotros, y porque no, dar un salto de calidad en nuestras propias posibilidades”.