Para construir este futuro irrespetuoso y desafiante que se nos sentó al lado sin pedir permiso

Para construir este futuro irrespetuoso y desafiante que se nos sentó al lado sin pedir permiso

Qué íbamos a imaginar cuando escuchábamos esta canción por Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, que iba a ser tan cierta al cabo de no tantos años.
La pandemia se instaló en la vida de los pueblos y lo trastocó todo. Pasan los meses y no se cansa de trazar surcos para sepultar en ellos vidas, bienes, planes y esperanzas. Negarlo sería necio. Pero la vida no se detiene y nos lleva en su carro, aunque sea a los tumbos.
Mientras, nos muestra otra realidad contundente: el pasado sólo nos sirve para sacar experiencias y ejemplos, no para querer vivir en él, arropados en la nostalgia de un tiempo que solemos calificar de mejor y que seguramente extrañamos y extrañaremos.
El presente nos robó comodidades y seguridades y parece haber huido por calles que no tienen la vida de antes o haberse escondido en locales comerciales cerrados, en el silencio de los escenarios, las aulas y las canchas… En ese hueco se instaló el futuro, ése “que llegó hace rato” cuando nadie lo esperaba, sin avisar.

Sencillos y astutos

De pronto se armó un escenario de pelea. Una pelea que tiene que ser de la buena, con dolores y enormes dificultades. Pero sin angustias ni brazos caídos.
Conocemos la realidad, duele y mucho. Pero un análisis inteligente y sereno nos dice que la única manera de alzarnos por sobre el desánimo es ser “sencillos como palomas y astutos como serpientes”.
Información: la precisa.
Cuidados y precauciones: todos, absolutamente todos.
Mensajes oscuros y apocalípticos: cero atención.
Oídos abiertos para el que sufre: siempre.
Coraje, libertad interior y resiliencia: la suma del potencial que nos asiste como seres irrepetibles que somos.
Todo para construir este futuro irrespetuoso y desafiante que se nos sentó al lado sin pedir permiso.