Panorama: Las dificultades ocultas de una carrera contrarreloj

Panorama: Las dificultades ocultas de una carrera contrarreloj

Por Andrés Lavaselli – periodista de DIB

Desde hacer por lo menos dos semanas, Axel Kicillof libra una obsesiva carrera contrarreloj en pos de un objetivo prioritario, casi excluyente: adaptar el maltrecho sistema de salud bonaerense a las exigencias que lo pondrán a prueba durante el pico de la pandemia. Pero a medida que ese momento se acerca y la amenaza se torna más real, asoma otro desafío: evitar que una miríada de obstáculos no estrictamente sanitarios complique más las cosas.

Uno de esos inconvenientes es el temor al contagio que comenzó a evidenciarse entre el personal estatal obligado a cumplir con los roles más expuestos: el sanitario y el de seguridad. Las condiciones de trabajo –y los sueldos- explican en parte esas aprehensiones, en términos personales. Desde el punto de vista sistémico, abren un interrogante central: ¿Hasta qué punto está asegurado el funcionamiento si el virus se esparce entre ellos a ritmo acelerado?

Ya hay ciertas manifestaciones prácticas de ese estado de ánimo: el Ministerio de Salud detectó un incremento de los pedidos de licencia de médicos y enfermeros, que en buena medida serán rechazados. Es que un informe reservado indica que de los 58 mil miembros que en total tiene el sistema sanitario provincial, 11.600 podrían acceder a esos permisos. El problema es que si lo hiciesen, neutralizarían el efecto de las casi 4 mil contrataciones que están en marcha para reforzarlo.

Entre los policías, algunos mandos medios que deslizan inquietud ponen un ejemplo para explicar la multiplicidad de desafíos nuevos para los que no terminan de encontrar respuestas: ¿Cómo evitar la práctica de pasarse los chalecos anti bala entre efectivos derive en contagios?, dicen. Y no es solo una cuestión de equipamiento. Los encargados de custodiar la entrega de alimentops en el sur del conurbano advierten un clima de irritación social que los expone a incidentes graves.

La decisión de poner a los gabinetes de Seguridad y Desarrollo de la Comunidad a coordinar la entrega de los bolsones –a partir de la semana, cuando se renueven los que ya se agotaron, sumarán alimentos frescos- da cuenta de las condiciones en que se realiza esa distribución. Por eso no se descarta una ley, que ni Kicillof ni Alberto Fernández desean, para suspender temporalmente la prohibición de actuar en seguridad interior a las FFAA.

Dar respuestas a los dos millones de bonaerense que viven en las 1558 villas miseria que tiene geolocalizadas el gobierno supone un desafío en sí mismo. Fernanda Raverta comenzó a estudiar un cambio de enfoque radical: aplicar allí una cuarentena barrial o comunitaria. Se trata de permitir que la gente circule en espacios abiertos sin alejarse demasiado de sus hogares, porque las condiciones de hacinamiento que reinan en ellos a veces hacen contraproducente la reclusión.

Un poco, pero solo un poco, más arriba en la pirámide social también hay situaciones complejas. Existe toda una franja de población que no recibirá refuerzos económicos vía AUH, Tarjeta Alimentar ni jubilaciones mínimas pero cuyos ingresos también cesaron y carecen de ahorros para salir del paso. Muchos de ellos están engrosando la asistencia a comedores escolares, cuyo alcance será ampliado. También por eso se recurrirá a iglesias, organizaciones sociales y municipios.

Para algunos de los que gozan de condiciones materiales para cumplirlo y no están expuestos a la zozobra alimentaria, el confinamiento está teniendo otras contraindicaciones. Una que llama la atención es el aumento exponencial de la actividad de las webs de juego on line, en proporciones, valga el término, epidémicas. Al punto que ya se piensa en programas específicos para atender esa adicción cuando termine la emergencia.

La trama política, contra ese fondo, parece nimia. Pero existe. Y se tramita por una vía curiosa, propia de estos días: dos chats del Ejecutivo con intendentes, uno con oficialistas y otro con opositores. Las esquirlas de los cruces por el bloqueo de ciudades, que el gobierno atribuye al afán de protagonismo de “algunos propios”, no los animaron tanto esta semana como la preocupación por la disparada de los precios. De ahí la medida de empoderar a los inspectores locales.

Hay que ver si otra novedad, la de terminar de eliminar el control de los alcaldes sobre los restos de las policías locales reanima, como temen en el gobierno, las tensiones con los jefes políticos locales. Es que ahora ya ni siquiera podrán ordenar un operativo sin llamar antes a La Plata para tener la autorización correspondiente.