Declaración del Instituto Maritain Argentina sobre el aborto

Salud y Bienestar 03 de abril de 2018 Por
En el comunicado la institución considera que "se ha iniciado un apresurado e inadecuado tratamiento parlamentario" del proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo
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El Instituto Maritain de Argentina, con relación al proyecto de reformas legislativas sobre interrupción del embarazo, considera que se ha iniciado un apresurado e inadecuado tratamiento parlamentario, sin previa y amplia consulta social e institucional, de un proyecto según el cual la decisión de abortar debe ser un derecho de la madre, violando sustancialmente los derechos a la vida del niño por nacer y la dignidad de la mujer.

Es un principio general de la moral y la vida social, que nada hay más importante que la vida misma, y el derecho a vivir en la verdad y con dignidad. Si bien para resolver algunos problemas sociales, es lícito utilizar el procedimiento de la transacción, hay otros cuya decisión no puede ser por consenso, como cuando está en juego la vida, que es única, indivisible, inviolable y exclusiva, desde su inicio en la concepción y hasta su fin en la muerte natural, y no puede ser renunciada ni dispuesta por otros.

Incluso para establecer si un tema puede tener una solución de consenso, es necesario un proceso de amplia información y deliberación, promovido desde el Estado. Nuestro Instituto se ha dirigido al Sr. Presidente de la Nación, y a las autoridades de las Cámaras de Diputados y Senadores, solicitando se nos permita participar en el debate y argumentación de los actuales proyectos, que consideran la posibilidad de legalizar el aborto en nuestro país. Esta exigencia de difusión y participación es condición para construir una democracia sólida y participativa.

Disponer de la vida de otra persona mediante el aborto, para satisfacer una supuesta felicidad, plenitud o comodidad, o mejor vida para la madre, es -sostiene el Instituto- siempre inadmisible. Y los casos en que se invocan graves razones de salud, o embarazos fehacientemente provenientes de delitos, merecen una deliberación muy profunda de todos los sectores que integran la sociedad.

El filósofo francés Jacques Maritain, fue uno de los inspiradores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU de 1948, y sostuvo que “el precepto de no matarás es un precepto de la ley natural. Esto se ve reflexivamente por el hecho de que un fin primordial y absolutamente general de la naturaleza humana es respetar su propio ser en sus miembros, en ese existente que es una persona, un universo en sí mismo; y por el hecho de que el hombre, en la medida misma en que es hombre, tiene derecho a la vida”.

Y hablando precisamente de los derechos humanos, dijo que “así como toda ley (y ante todo la ley natural, en la que están fundados) apunta al bien común, así también los derechos humanos tienen una intrínseca relación con el bien común. Algunos de entre ellos, como el derecho a la vida o a la prosecución de la felicidad, son de tal naturaleza, que el bien común sería puesto en peligro si pudiera el cuerpo político restringir en un grado cualquiera la posesión que los hombres tienen de ellos naturalmente. Digamos que son absolutamente inalienables”.

El Estado y la sociedad toda, deben obligarse a sostener y promover el acceso a una atención integral de la mujer embarazada, así como del niño antes y después de nacer, a través de facilidades de acceso a medios no sólo médicos, sino también económicos y psíquicos. Proteger a la mujer que se encuentra en estado de vulnerabilidad proveyendo un sistema integral de contención y acompañamiento, a quien más lo necesita en el momento que más lo necesita, es respetar auténticamente los derechos de madre e hijo, y cumplir a los Convenios y Tratados Internacionales incorporados a la Constitución Nacional, que obligan al Estado a reconocer los derechos humanos desde la concepción y asegurarlos efectivamente.

Con la concepción, comienza una nueva vida, diferente a la de la madre. Por eso, el aborto significa abiertamente suprimir una vida, en otras palabras, matar, aunque se lo disfrace con diversos eufemismos. Autorizar por ley la muerte es un agravio a toda la humanidad, que desconoce los principios generales del derecho, por lo que su ilicitud es imprescriptible. Evitar la maternidad precoz, la niñez abandonada, las muertes por abortos ilegales, no se conseguirá con más muertes, sino a partir de promover la vida en plenitud para todos.

Con este sentimiento de compromiso y solidaridad, invitamos a gobernantes y gobernados a recordar a la Madre Teresa cuando expresó que: “El aborto es una decisión tan miserable, que un niño debe morir para que tú puedas vivir como deseas”.

FUENTE CADENA 3

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