Uno de cada diez fármacos es falso o de baja calidad

Salud y Bienestar 29 de noviembre Por
Así lo indica un informe de la OMS sobre naciones en vías de desarrollo; en la región, advierten sobre los antibióticos.
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Un informe mundial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que, en países como la Argentina, uno de cada 10 medicamentos en el mercado es falsificado o de baja calidad, es decir, sin efecto terapéutico alguno. Eso se traduciría en unos 30.000 millones de dólares en costos para los sistemas sanitarios de los países en desarrollo de medianos y bajos ingresos.

Esos productos alcanzan a todas las categorías de medicamentos: desde antibióticos y vacunas hasta terapias oncológicas, cardíacas, psiquiátricas, anestésicas o para la malaria, la diabetes o los tratamientos de fertilidad asistida, de acuerdo con las denuncias de más de un centenar de países al sistema de vigilancia de la OMS en los últimos cuatro años.

En América latina, los productos falsificados o de baja calidad -autorizados, pero que no cumplen con la especificaciones- más comunes son antibióticos, vacunas, anticonceptivos y el misoprostol, un producto que se usa para inducir el aborto. Un fármaco queda fuera de las especificaciones cuando hubo un error en la producción, se degradó durante el transporte o el almacenamiento o se venció.

En 2013, la OMS lanzó el Sistema Mundial de Vigilancia y Monitoreo de Medicamentos Fuera de Especificación y Falsificados (GSMS, por su nombre en inglés), al que los países miembros y ONG humanitarias informan incidentes. Desde entonces, se investigaron 1500 denuncias que demuestran cada vez más cómo un producto puede recorrer una ruta internacional, entre países desarrollados y en desarrollo, para llegar a distintos mercados sin controles adecuados.

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se presentaron los primeros resultados del GSMS y que actualiza el informe mundial de hace 10 años. En un mapa que describe la distribución de esas denuncias, la Argentina aparece entre los países en los que circulan este tipo de productos. Es más, nuestro país guió un equipo técnico en los últimos años para revisar las tecnologías disponibles para reducir la circulación de medicamentos falsificados y subestándar.

El año pasado, la OMS lanzó un alerta sobre vacunas para la meningitis. En la caja del producto figuraba que el producto se había producido en una planta de Brasil. La investigación indicó que ese laboratorio no había elaborado esas vacunas y aún se desconoce si los falsificadores estaban en América latina o en otra parte del mundo.

Otra de las investigaciones de estas cadenas de suministro internacionales permitió trazar la ruta entre Turquía y los Estados Unidos, a través de un exportador de Egipto, tres distribuidores de Suiza, Dinamarca y Reino Unido, y una farmacia de venta vía Internet de Canadá, de acuerdo con la sentencia judicial de 2015.

Dos años antes, en septiembre de 2013, 44 chicos quedaron internados en un hospital de Paraguay. Todos tenían problemas para respirar. Los primeros síntomas coincidían con los de un resfrío común y, en todos los casos, los padres habían usado un jarabe para la tos de producción local. El equipo del GSMS de la OMS reconoció la similitud del brote con otro en Paquistán, en 2012-2013, que provocó 66 muertes. Se descubrió que la droga provenía, en ambos casos, del mismo productor de la India y pertenecía al mismo lote.

Una proyección encargada a la Universidad de Edimburgo determinó que por año mueren entre 72.000 y 169.000 chicos por antibióticos falsificados o subestándar si se tiene en cuenta que el 10% de los medicamentos que circulan en el mundo en desarrollo están en ambas categorías. Otra proyección que hizo la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres determinó que, cada año, la falsificación o la falta de efectividad de los medicamentos para la malaria estarían causando entre 64.000 y 158.000 muertes extras en Africa subsahariana, con un costo de 38,5 millones de dólares en atención por la falla del tratamiento.

Fuente de la Información: La Nación

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