“Nos Gusta Pedalear”, un grupo con amor al ciclismo

“Nos Gusta Pedalear”, un grupo con amor al ciclismo

Desde ya varios años los deportistas fueron ganando el acceso Perón en los mediodías de los sábados. Primero fue el grupo de Trotadores, que reunidos en el Monumento al Deporte realizaban sus trotes juntos, allá por el 2011 y casi en los meses siguientes surgió otro nuevo grupo, para ciclistas, pero para el rubro “cicloturismo” bajo el nombre de Nos Gusta Pedalear. Después, y más cercano a la fecha, comenzaron a circular por el acceso Perón y Rodríguez Mera los ciclistas con sus veloces “flacas” y, de esa manera, entre las 13 horas y las 16 toda esa zona de la ciudad, ya sea invierno o verano, con lluvia o con sol, disfrutaba de un espectáculo deportivo y saludable.

Ahora todos los grupos están con “ganas de volver”, de unirse en esos entrenamientos y disfrutar entre todos. Pero se han mantenido cumpliendo con los mandos municipales de distancia.

La Opinión dialogó con Graciela Suárez, una de las impulsoras de “Nos Gusta Pedalear”, la “mano derecha” de Marcela Arricau, principal creadora del grupo. Graciela es el claro ejemplo de la importancia de los grupos para aquellos que recién se inician en una actividad. Recordó cómo fue ese primer contacto con el grupo, dos horas después de haber comprado su primera bicicleta. Los consejos, aprender a usar los cambios, la postura arriba de la bici, sortear los caminos rurales y de arena, luchar contra el viento y disfrutar, por sobre todas las cosas, de la bicicleta.

Ese primer día

¿Cómo olvidarse del primer día de clases? Algo así lo recuerda Graciela Suárez de ese sábado que se unió en el grupo Nos Gusta Pedalear: “Me inicié en el ciclismo con el grupo ya que nunca me había subido a una bicicleta de montaña, a una mountainbike. El grupo había comenzado en el 2011 y yo en el 2012. Un sábado me compré la bicicleta en lo de Javier Lobosco y dos horas después estaba con el grupo”.

En esos años Nos Gusta Pedalear tenía su punto de encuentro en la entrada del Polideportivo Municipal a las 14 horas. “Cuando estaba ya con todo el grupo me acuerdo que tenía la botellita de agua en la mano, porque no llevaba un porta caramañola en la bici, y Javier Lobosco me dijo que se la dé a él porque si no me iba a cansar. Creo que después de hacer unas o dos quintas se la terminé dando, porque ante todo soy muy cabeza dura. Ya iba cansada y con la botellita en una mano no iba a llegar lejos”, dice y se alegra de recordar esos momentos de sus inicios. “Lo bueno del grupo es que la gente que ya está, cuando uno se suma te ayuda, te apoya, te dice qué cambio poner, de qué manera sentarte, si la bici te queda grande o chica, cómo ir en la arena o contra el viento, la importancia del uso del caso y muchas otras cosas más que uno no sabe cuando comienza. Yo no sabía cómo se usaban los cambios de la bicicleta. Además, el grupo permitió que se diera una linda movida de ciclismo, a nivel comercial las bicicleterías repuntaron, se empezaron a ver comercios de indumentaria de ciclismo, cosas que antes no había, y además con el grupo pudimos hacer varios viajes, encuentros de cicloturismo y muchos chicos que hoy andan muy bien se iniciaron ahí”. Algunos de los que han avanzado en nivel, como Marcos Carosio, Javier Benedetti o Gabriela Dupuy dieron pasos muy importantes en “Nos gusta pedalear”. “Pedro Rivero es otro, con él hicimos el primer triatlón de la ciudad, o Sergio Hernández, son muchos los que se iniciaron en el grupo”, recordó.

Un consejo a tiempo

Otro de los recuerdos de ese primer día, tan lejano ya en el tiempo, donde han pasado varias carreras, duros entrenamientos y se ha ganado en experiencia, es el de haber recibido buenos conejos y una mano amiga. “Me acuerdo que ‘Coco’ Logotetti, al que nosotros lo consideramos como el padre del grupo, en un momento me vio cansada y me empezó a decir que tome agua, que me siente bien, a que enderece la postura, cosas que uno no sabe y, si ese día yo salía sola, seguro en la primera quinta me volvía, pero con el grupo eso no pasa. Por suerte el grupo ha perdurado en el tiempo, algunos se han ido, más que nada porque avanzaron, y otros han vuelto. A mí me pasa que ya los sábados no puedo ir tan seguido porque ese día me lo guardo para hacer un entrenamiento más largo, y con el grupo solo se hacen 30 o 35 kilómetros, que cuando arrancás eso te parece mucho”.

En tiempo de pandemia el grupo se ha mantenido aislado, pero ya son más las ganas de volver. “Queremos volver a rodar juntos, nosotros tampoco es que vamos cerca, lo único que debemos evitar es tener una caída, pero se necesita salir con los amigos. Además todo esto de la pandemia y la extensión de la ciudad ha hecho que mucha gente se compre bici, muchas chicas andando, y no todas se animan a salir solas por los caminos rurales por miedo a que se les pinche una rueda y no sepan qué hacer, y para eso es siempre mejor salir en grupo”.

Por los Siete Lagos

Con el correr de los años el crecimiento del grupo le ha permitido al grupo organizar salidas fuera de la ciudad, disfrutar de encuentros de cicloturismo y concretar un gran viaje por la mítica ruta de los Siete Lagos. Un viaje que tuvo a Marcela y Graciela, como organizadoras. “Marcela dice que soy su mano derecha porque cuando se le ocurre algo enseguida dice ‘Gra’ y con el viaje así pasó. Lo planificamos, trabajamos con la gente del grupo que tenía tiempo, organizamos cómo y en qué llevar la camioneta, al igual del hospedaje donde paramos todos en un hostel y la verdad es que salió un lindo viaje entre amigos y compañeros. El recorrido en las bicis lo hicimos de San Martín de Los Andes a Villa La Angostura, creo que el primer día hicimos unos 50 o 55 kilómetros, armamos campamento, tuvimos un fogón y al otro día llegamos a La Angostura”.

Sus carreras

 

 

Graciela se sumó a este deporte de grande, con muchas dudas y miedos, pero hoy, ya siete años después, sabe que ha tomado su mejor decisión. Este año ha sido de las pocas afortunadas que pudo competir. Entre el 7 y 8 de marzo fue parte de la carrera de ruralbike la Vuelta al Partido de General Villegas, una prueba por caminos rurales que tiene dos distancias, los 230 y 370 kilómetros. Para Graciela fue su gran objetivo, pensado desde un año antes, y aunque no logró completar el recorrido, recuerda de qué manera lo disfrutó. “Fue un gusto haber corrido esa carrera y una pena no haber llegado porque nos agarró una tormenta eléctrica. Llegué a los 300 kilómetros entera y muy bien preparada, pero el clima no me dejó llegar, muchos rayos y muchas lluvias”, dice y agrega sobre la prueba: “Es una carrera de pueblo, nada que ver a las carrera cortas y competitivas, es muy de pueblo, es algo asombroso porque toda la gente apoya la carrera, en todos los pueblos que vas pasando te esperan y es una fiesta para ellos, es muy lindo, pasar por Ameghino, Blaquier, Vanderaló, por cada paraje y pueblo del partido y todo por los caminos rurales. Yo tuve que parar a los 300 kilómetros debido al clima, era imposible seguir, y ya llevaba unas 19 horas de carrera. A estas pruebas las tomo como un desafío personal, si hago podio en la categoría mejor, si sólo cruzo la globa, mejor todavía”.

“No somos elite, pero nosotros nos creemos que cada día estamos mejor”, dice Graciela entre risas y se confiesa no ser tan regular con los entrenamientos. “Soy muy rara para entrenar, a veces salgo toda la semana seguida, a veces sólo tres días y quizás hay semanas que no salgo. Ahora, como no hay carrera, si el clima no está bueno no salgo, prefiero salir a trotar. Pero para la carrera de General Villegas sí me preparé bien. Todos los días hacía 40 kilómetros y el sábado hacía 100 kilómetros. Con el Desafío al Río Pinto me pasó lo mismo, yo arranqué de grande con esto, y estar en esa carrera, con 6.000 ciclistas, tan colorida, tanto ambiente, es muy especial y eso te queda como una gran experiencia de vida”.