Nadie debe quedar atrás

Nadie debe quedar atrás

Nota de Opinión del Concejal Paolo Barbieri


Existen momentos extremos que siempre sacan a relucir lo mejor del ser humano, pero también sus miserias. Las tragedias colectivas como las guerras o la pandemia, ofrecen una rara posibilidad a todos de ser héroes o villanos, de ser solidarios o egoístas. Los argentinos en su gran mayoría, están dando una sobrada muestra de solidaridad, respeto por el prójimo, empatía, y estamos todos intentando sobrellevar la situación de la mejor manera.
Pero muchos argentinos han quedado varados en diferentes países y aeropuertos, sin posibilidades de volver. Ningún gobierno, puede cumplir con honor su destino abandonando a sus compatriotas, dejando a la buena de Dios a sus hermanos.
Esta angustiante situación, donde no me interesa quien tiene la culpa, ni quienes fueron o no responsables, me recordó a una historia que sucedió hace muchísimos años. Una historia de guerra que espero sirva de inspiración para entender que el honor, la empatía, el deber y la solidaria nos reclaman a gritos que rescatemos a esos argentinos, a esos hermanos que están lejos de casa, que abandonados a su suerte precisan imperiosamente que quienes dirigen las riendas de nuestro país cambien de parecer y los rescaten.
Esta es la historia:
Durante 10 años Montevideo sufrió un largo y penoso sitio. Imaginemos las penurias de quienes aislados e intentando sobrevivir, luchaban contra un ejército que se empeñaba en destruirlos.
Una tarde, mientras Mitre charlaba con Garibaldi, héroe de la unificación italiana, comenzó un ataque enemigo. Sonaron todas las alarmas y el italiano partió hacia el punto donde sonaban las balas.
El hecho había comenzado cuando el coronel Neira, argentino, había decidido atacar las vanguardias de los sitiadores. Luego de algunos éxitos, el enemigo contraataco y el combate se tornó feroz. Neira resistió hasta caer muerto, quedando su cadáver en terreno enemigo.
Los sitiadores aprovecharon para hacerse del cuerpo del coronel, pero de pronto se vieron sorprendidos por 13 soldados que los obligaron a retirarse. Los sitiadores se rearmaron y volvieron a apoderarse del muerto, para nuevamente ser contraatacados y nuevamente tener que retirarse. Cuatro veces se sucedió la misma situación, hasta que apareció Garibaldi con su caballo rodillo y su sombrero blanco, empuñando una espada que había arrancado de las manos de un soldado.
Bastó su mera presencia para que todos se sintieron héroes y desalojaran a los enemigos del cadáver de Neira. Pero los sitiadores se reagruparon, recibieron refuerzos y la defensa comenzaba a tornarse insostenible. Garibaldi, experimentado jefe, dio la orden de calar la bayoneta, estaban decididos a morir peleando. Casi una hora llevaba el combate y los defensores estaban a punto de ser arrollados, cuando al son del tambor apareció completa la legión garibaldina. En pocos minutos, más de 1500 hombres por cada bando se enfrentaban y luchaban denodadamente por conquistar la posición de un cadáver. Garibaldi, al frente de dos columnas dirigió un certero ataque hacia el corazón de la línea enemiga que se vio obligada a ceder. En ese momento el cadáver pudo ser definitivamente recuperado y horas más tarde era llevado por los 13 soldados que lo habían defendido junto al propio Garibladi.
Darle sepultura a Neira fue el premio de todo un batallón, estos eran los únicos premios para los defensores de Montevideo, donde por 10 años de sitio no se pagó un solo sueldo y solo se distribuía una ración a los soldados para que no mueran de hambre.
Neira tuvo un épico funeral, y generó que sus defensores fueran ejemplo para todos los que padecían el sitio, nadie se quedaba atrás. El honor implicó que estos hombres fueran capaces de sacrificarse hasta por los despojos mortales de sus compañeros. Nadie debe quedar atrás.