¿Murió por accidente o fue un homicidio fríamente calculado..?

¿Murió por accidente o fue un homicidio fríamente calculado..?

Nació en Berna en 1905 y pronto mostró su naturaleza indómita. A los 15 años se alejó de la familia para incursionar en la industria cinematográfica. Vivió en Viena y en Budapest donde logró papeles relativamente relevantes en tres películas para las que adoptó el nombre artístico de Myriam Stefford. Pero le aguardaba otro derrotero…

Durante una estadía en Venecia conoció a un joven argentino seis años mayor, Raúl Barón Biza, millonario y excéntrico.

El amor, la pasión, el deslumbramiento o vaya uno a saber qué, hicieron lo suyo. Se casaron en la catedral de San Marcos, una rutilante ceremonia. Tras breve (todo fue breve en la vida de Myriam) se radicaron en la Argentina.

A volar…

La muchacha dejó de lado su carrera artística, adoptó la ciudadanía argentina y pronta comenzó a compartir con su marido otra pasión: volar. Ya lo hacía antes de obtener el brevet; fue una de las primeras mujeres en el país que piloteó un avión.

Junto con su marido hicieron algunos raids con buena suerte. Luego planearon uno que uniera 14 provincias argentinas con un avión, Chingolo I, un biplaza hecho de acero, madera y tela. Pero la máquina no respondió como se esperaba. La pareja quedó varada en San Juan. Así las cosas y como disponibilidad económica no faltaba, Barón Biza viajó a Buenos Aires e hizo venir otro biplaza, el Chingolo II. En él seguiría viaje su mujer que llevaba esta vez como copiloto a un alemán llamado Ludwig Fuchs.

Partieron el 26 de agosto de 1931, no fueron lejos. Poco después de decolar, cuando sobrevolaban Marayes, una zona desértica al sur de San Juan, el avión se precipitó a tierra y los dos tripulantes murieron en el acto.

El monumento más alto

Barón Biza decidió levantar un imponente monumento fúnebre en memoria de su esposa. Eligió un lugar en Córdoba a la vera de la ruta provincial 5 , cerca de Alta Gracia, territorio de la estancia de su familia, Los Cerrillos.

Contrató al arquitecto Fausto Newton para dirigir la obra en la que trabajaron cien obreros polacos.

El imponente memorial quedó terminado en 1935. Una torre de 82 metros con forma de ala de avión se asienta sobre una base de 15 metros. Se emplearon mármol, granito y hormigón armado, tiene 444 escalones para quien se anime a subir hasta la cúspide.

Debajo de la base está la cripta donde fue depositado el ataúd con los restos de Myriam Stefford.

La maldición y el diamante

Las leyendas que se tejieron en torno a este Taj Mahal criollo dicen que en el cajón están todas las joyas que Barón Biza había regalado a su mujer, incluido el diamante Cruz del Sur de 45 (cuarenta y cinco) kilates. Por las dudas y para desalentar intenciones aviesas está escrita una leyenda: “Maldito sea quien ose profanar esta tumba”; además, dicen, se habría colocado un collar de explosivos en torno al ataúd.

La muerte de la joven suiza fue muy comentada en diarios europeos de la época. Es que no le faltaba ningún ingrediente: juventud, belleza, romance, boda fastuosa y la muerte que llegó a buscarla un año después.

El monumento fúnebre, el más alto del país, fue punto de curiosidad y atracción durante muchos años; hoy está abandonado, vandalizado en el exterior y su destino es incierto.

Pero hace cinco años…

Ya se sabe que a los buceadores de la historia no les llega nunca la hora del aburrimiento. En 2015 Cariña Villafañe, investigadora aeronáutica, pidió que se reabrieran pericias y otras diligencias en torno a la caída fatal del Chingolo II. Unas fotos publicadas en el diario cordobés La Voz del interior (como primicia) pocos días después del accidente, le encendieron luces rojas, Hay detalles que no cierran, orificios en los cuerpos que parecen de bala, restos de vestimentas no apropiadas para un vuelo en Stefford y Fuchs, entre otros.

Los argumentos de Villafañe encendieron nuevamente algunos comentarios que se susurraron en la década de 1930. ¿A qué apuntaban? Parece ser que Barón Biza sospechaba de algún intríngulis sentimental entre su amada esposa y el apuesto alemán Fuchs…

Cuando el primer Chingolo se averió, recordemos, mandó un avión similar a San Juan. Pero… esta máquina habría sido “preparada, no para volar mejor sino para desplomarse apenas cobrara altura.

¿Verdad? ¿ Leyenda? Vaya uno a saber…

Esto así que es verdad

En 1935 ( apenas concluido el monumento para Myriam) el viudo comenzó un apasionado romance con Clotilde Sabattini, hija de Amadeo su amigo del alma y líder del radicalismo cordobés.

La chica tenía 17 años (veinte menos que él) y la familia se opuso; se casaron en secreto y la amistad con Amadeo se rompió para siempre.

Tuvieron tres hijos pero las cosas comentaron a andar mal al punto que Barón Biza se batió a duelo con un cuñado que le habría reprochado algunas cosillas; los dos quedaron heridos de bala. En 1953 el matrimonio se separó. Clotilde se fue a Montevideo y allí vivió hasta que Arturo Frondizi, electo presidente, la llamó para integrar el entonces Consejo Nacional de Educación.

El 16 de agosto de 1954 la mujer citó en su departamento porteño de la calle Esmeralda a su ex marido y sus abogados para finiquitar los trámites de divorcio. La charla discurría normalmente hasta que Barón Biza se levantó. Trajo vasos de whisky para los hombres y otro con ácido sulfúrico que arrojó al rostro de Clotilde que sufrió gravísimas lesiones que se extendieron al pecho y brazos. Tras la urgencia de asistirla y trasladarla a un hospital, la Policía allanó el departamento. Raúl Carlos Barón Biza se había suicidado. Catorce años después. Clotilde -con secuelas físicas y espirituales sin retorno-tomo la misma decisión arrojándose de un balcón del mismo departamento donde había sido atacada. Posteriormente dos de sus hijos imitaron a sus padres, completaron la saga trágica.

…………………………..DATO……………………….

Carlos Raúl Barón Biza, además de lo que se conoce de su vida privada, incursionó en la política desde muy joven con todos los vaivenes imaginables. Apoyó a Hipólito Yrigoyen a quien llamaba su amigo. Después se inclinó por José Félix de Uriburu que derrocó al primero. Conoció el exilio y la cárcel. Como escritor se inclinó por una literatura más pornográfica que erótica, todo recubierto de pseudo reflexiones filosóficas. Una de sus obras, “El derecho de matar” es considerada “el libro maldito” de las letras latinoamericanas. El presidente Agustín P. Justo ordenó la confiscación de la primera tirada de 5.000 ejemplares por considerar que el contenido era obseno, dañino; Barón Biza lo tildó de “tiranuelo fofo”.