Los cambios en el “sueño del techo propio”

Los cambios en el “sueño del techo propio”

Escribe: Carlos Prono

Presidente Colegio Martilleros Trenque Lauquen

Oficiales en el mundo de la construcción, media cucharas o apenas peones del rubro, la tradición de buena parte de los inmigrantes era como primer gran paso acceder a un terreno donde luego, fin de semana tras fin de semana, la familia completa colaboraba desde los cimientos hasta el techo. Tras la mudanza a la casa propia y dejar atrás la condición de inquilino, el próximo paso era cambiar de lado del mostrador y convertirse en locador mediante la construcción de uno/dos “departamentos” en el fondo del mismo terreno donde al frente estaba la vivienda principal.

La realidad vivida hasta unas pocas décadas fue perdiendo terreno a medida que el sueño se iba diluyendo, perdía esa presencia y el objetivo comenzaba a desdibujarse, no sólo por la brecha económica que transforma el desafío en utopía, sino también porque, en alguna medida, las nuevas generaciones ya no colocan al tope de sus preferencias llegar al techo propio al que consideran una inversión demasiado importante para anclarla en la tierra y prefieren destinar esos recursos en otros asuntos que les provocan mayor goce entre los que viajar y disfrutar de un buen auto encabezan el ranking.

Y no está bien ni está mal, son conceptos diferentes, quizás una filosofía de vida, tan respetables como los otros.

Más locatarios

Ambos factores, la barrera económica para los que sueñan con la casa propia y los que no piensan en ella, han hecho que en Argentina –al igual que ocurre en otros países del mundo- las estadísticas muestren un creciente porcentaje de quienes conforman el conjunto de locatarios.

Pese a ser un asunto de gran significación social y económica, la última ley específica en materia de alquileres fue a mediados del gobierno de Raúl Alfonsín, hace ya más de tres décadas. La modificación y unificación de los códigos Civil y Comercial de la Nación barrió con esos postulados y los pocos artículos referidos a locaciones quedaron incorporados en su plexo normativo, a los que se les introdujeron recientes modificaciones vigentes desde julio pasado.

La construcción

Ya no tenemos más una legislación específica que –entre otras cosas- fomentaba mediante estímulos impositivos la construcción con destino a renta buscando el doble propósito de motorizar la economía poniendo en movimiento casi una cuarentena de rubros y mantener una oferta constante en el tiempo que no genere desequilibrios con la demanda.

La grieta no escapa al “mundo” de las locaciones y desde algunos sectores que dicen representar a los inquilinos se acusa a los propietarios (y también a los profesionales que actúan) de todo tipo de abusos. Al margen de no justificar cualquier desviación que implique vulnerar derechos de la parte más débil en la relación locador-locatario, cierto es que un amplio segmento de los propietarios pertenece a la misma condición social y económica que los locatarios. Los suelen diferenciar muchos años más de vida y mucho esfuerzo para lograr “los dos departamentitos construidos en el fondo del terreno”, que hoy permiten un ingreso extra que ayuda y mucho a los pobres ingresos jubilatorios.

No hay rubro que tenga el poder y la velocidad de mover la economía como la construcción que alberga tanto mano de obra calificada como aquella sin preparación alguna.

Y para los que mantienen tan vigente como siempre la llama del “techo propio”, bienvenido sean los planes/créditos que apunten a la compra de terrenos y construcción de viviendas. Y cuanto más difícil parece que se presentan las cosas, más necesidad de trabajo, de mover la economía de cada pueblo, de cada ciudad. Y que el sueño siga vigente, pero que no sea eterno.