Entre puños y guantes, el boxeo femenino celebró ayer un nuevo aniversario en su honor

Entre puños y guantes, el boxeo femenino celebró ayer un nuevo aniversario en su honor

En Argentina el boxeo femenino celebra todos los 25 de marzo su día. Un aniversario de los más nuevos, en un deporte que sigue brindando una batalla especial contra los prejuicios y la desigualdad monetaria con sus pares, los hombres. Diario La Opinión dialogó ayer con Laura “La Joya” Griffa, nuestra mejor exponente en el mundo de los guantes, quien contó cómo está viviendo este momento de cuarentena obligatoria y recordó sus inicios en los cuadriláteros practicando kickboxing. Una Griffa que tuvo la oportunidad de estar arriba del ring con Marcela “La Tigresa” Acuña, principal exponente del Día de la Mujer Boxeadora, ya que es en honor a su licencia que se originó la fecha. Fue en la Legislatura Porteña donde tiempo atrás y con el “objetivo visibilizar a las mujeres que practican y se destacan en esa disciplina, es que se aprobó de manera unánime el proyecto de ley impulsado por la Unión de Periodistas de Boxeo (UPERBOX) y presentado por los legisladores Leandro Santoro (Unidad Ciudadana) y Mercedes de las Casas (Cambiemos). La fecha se eligió en recuerdo al día en que la Federación Argentina de Box reglamentó la práctica y competencia del boxeo femenino y entregó la licencia número 1 a Marcela “La Tigresa” Acuña.
“La conmemoración de esta fecha busca reconocer la lucha de las mujeres a por abrir caminos de igualdad en los diferentes ámbitos sociales, culturales y deportivos, sobre todo en una comunidad como la del boxeo en la que predominan los hombres y en la que hasta tenían vedada la práctica del arte de los puños”, recalcaron desde UPERBOX.

n Desde casa
“La Joya” Griffa celebró su Día desde casa y “cumpliendo con la cuarentena, encerrada, pero siempre intentando entrenar lo que se pueda. Sigo con mi preparación que me la hace Ezequiel Corea, y por suerte tengo una bolsa para poder entrenar” dijo una deportista que tiene en vista volver a concretar sus títulos. “No tenía previsto peleas en lo próximo, pero la idea era la de volver a recuperar los títulos, el Sudamericano y Nacional, para así tener la posibilidad de pelear por un Título Mundialista, que ese es mi sueño”. La púgil contó que esos títulos los buscará en la modalidad Súper Gallo, y que también buscaría peleas en peso Pluma.
Lleva ya más de 10 años en el mundo de los cuadriláteros, con sus inicios en el kickboxing, donde llegó, también a destacarse, hasta que se cambió al boxeo amateur “la etapa del kickboxing la disfruté mucho, pero era muy difícil al ser amataur. Asi que salté al boxeo. Me costó mucho ese cambio, me acuerdo que mi entrenador tuvo que renegar mucho porque yo cada tanto hacia algunos movimientos que eran del kick y que no están permitidos en el boxeo”.
Dice que ve muy bien al boxeo femenino nacional actual, con la presencia de nuevas jóvenes fuertes, pero donde la lucha sigue siendo otra “es muy difícil para nosotras dedicarnos puramente a esto. Solo podemos hacer unas 4 peleas al año y lo que nos pagan es muy poco. Las bolsas son inferiores en relación a los hombres. Solo vale la pena ir a pelear al extranjero, donde las bolsas son muy buenas, pero una sabe que va a ir a perder y perder puntos en el Ranking”. Actualmente “La Joya” está brindando clases, una iniciativa importante “estaba muy entusiasmada porque no pensé que iba a tener tantos alumnos”.

n La historia de las damas
Durante el siglo XVIII en Inglaterra comienza a haber registro del boxeo femenino. Imágenes de mujeres combatiendo pueden verse en algunas impresiones y pinturas y existen también memorias escritas por hombres donde se relatan peleas femeninas. La primera mujer reconocida como boxeadora fue Elizabeth Wilkinson, quien peleaba a puño desnudo en Londres durante el temprano 1700. Según las fuentes, tanto Wilkinson como sus oponentes eran mujeres de clase obrera. Muchas de ellas utilizaban como apodos referencias a sus espacios de trabajo: el mercado, la herrería, etc.
Acostumbradas al trabajo duro, estas mujeres se lucían en los combates. Las crónicas relatan enfrentamientos feroces, donde no existía tiempo, ni golpes prohibidos o cuenta de protección. Se peleaba hasta que una de ellas estuviera ensangrentada en el piso. A fines de ese siglo el boxeo entró en lo que los investigadores llaman una era dorada. Asociado a la idea de la masculinidad británica, fue constituyéndose en un deporte de caballeros, con reglas como las de Broughton en 1743 y posteriormente Queesberry en 1867. Asimismo, se comenzó a perfeccionar con movimientos de defensa, velocidad de manos y técnica de pies. Empezaron a aparecer las primeras escuelas de boxeo y se escribieron también manuales, como el de Daniel Mendoza “El arte del boxeo” o análisis como los de Pierce Egan en “Boxiana”.
Pasó de formas espontáneas y participativas de entretenimiento a convertirse en un “noble arte, en una ciencia”.

N Prohibido pelear
El público que asistía a estos encuentros fue también cambiando, siendo ya no solo un deporte de las clases bajas, sino también un espacio de recreación para hombres de la burguesía y la aristocracia inglesa. Estos cambios tuvieron consecuencias para las mujeres que peleaban. La escena del boxeo femenino fue invisibilizándose hacia 1830 y posteriormente en 1880 fueron prohibidas las peleas entre mujeres. Algo similar sucedió en otros países de Europa y en algunos estados de Estados Unidos.
En ese período el boxeo se había ido expandiendo por el mundo a partir de los marineros ingleses que llevaban el deporte por los puertos. A fines del siglo XIX en Estados Unidos, Francia y Alemania algunas mujeres comenzaron a interesarse en el pugilismo. A pesar de las ideas instaladas sobre lo nocivo de los deportes de contacto para el cuerpo de la mujer y las prohibiciones que se extendían en ese mundo de la Belle Epoque, muchas desafiaban los preceptos médicos y científicos de ese momento y se lanzaban a combatir.

N Primera pelea
Los registros más claros llegan desde Estados Unidos. Ahí aparece la primera pelea registrada con guantes y en un ring. Fue en el New York Hills Theater en 1876 donde Nell Saunders le ganó a Rose Harland. El premio fue un plato de plata y algo de dinero. Luego, en 1888 Hattie Leslie le ganó a Alice Leary y se convirtió en la primera campeona americana de boxeo.
En 1904, en los Juegos Olímpicos de Saint Louis, el boxeo femenino participó en la modalidad de exhibiciones y fue descartado. Se recomendaba a las mujeres elegir otras prácticas deportivas y aunque organizaciones internacionales, como la International Boxing Union, prohibieron el boxeo femenino, este nunca dejó de practicarse en los gimnasios. Esto fue especialmente visible entre las actrices de teatro y vodevil o bailarinas que se dejaban fotografiar en la prensa enguantada, desafiando las normas impuestas para el comportamiento femenino. En esa dirección, las mujeres lucharon constantemente por conseguir derecho a practicar el deporte. Como parte de esa lucha llegaron algunas conquistas

n Por el Siglo XX
En la posguerra, el movimiento a favor del boxeo femenino fue liderado por la británica Barbara Butrrick, conocida como The Mighty Atom of the Ring (“El poderoso átomo del ring”), que en 1954 consiguió que su pelea de 8 rounds con Joann Hagen fuera transmitida por televisión. En 1975 Caroline Svendsen fue la primera mujer en recibir una licencia en Estados Unidos. A partir de allí se abrió una era de demandas judiciales. Particularmente importante fue el juicio que las boxeadoras Cathy Davis, Jackie Tonawanda y Marian Trimiar llevaron adelante contra la Comisión Atlética del estado de Nueva York, que se negaba a concederles una licencia. En 1992, la boxeadora Gail Grandchamp de Massachusetts, logró que la Corte Suprema del estado reconociera su derecho a boxear y un año después una boxeadora amateur consiguió que USA Boxing aceptara finalmente oficializar el boxeo femenino.
De esta forma, luego de innumerables batallas legales por la igualdad, el 15 de marzo de 1996 se produjo el acontecimiento que es considerado como la consagración del boxeo profesional femenino, la pelea entre Christy Martin y Deirdre Gogarty. La velada tenía como pelea de fondo al combate entre Mike Tyson y Frank Bruno, de modo que ese día todo el mundo del pugilismo miró a dos mujeres boxeando en horario estelar. Ese mismo año la Amateur Boxing Association de Inglaterra dio por terminado 116 años de prohibición de boxeo femenino en el país. Dos años después se entregó la primera licencia a una boxeadora profesional inglesa, Jane Couch.

N En Argentina
Los avances eran indudables y en 2001 AIBA organizó el primer campeonato mundial amateur en Estados Unidos. Allí Argentina estuvo presente, representada por las hermanas Poldy (51 kg) y Carolina Saldaño (54 kg). Al año siguiente, en la segunda edición de ese campeonato realizada en Turquía, Paola Casalinuovo en categoría 71 kg, obtuvo una medalla de bronce. Posteriormente fueron medallistas mundiales Yésica Bopp (bronce y plata en 48kg en Rusia 2005 e India 2006), y Érica Farías (plata en India 2006 en 60kg). Posteriormente Casalinuovo, Bopp y Farías se consagrarían Campeonas Mundiales como profesionales, siendo parte de la lista que incluye más de 30 monarcas. El boxeo olímpico tuvo que esperar un poco más. En 2009 el Comité Olímpico Internacional decidió sumar el boxeo femenino a los Juegos Olímpicos en Londres 2012, con tres categorías (51kg, 60kg y 75kg). En la Argentina las mujeres han boxeado de manera recreativa durante todo el siglo XX. Sin embargo, recién el 25 de marzo de 2001, cuando Marcela Acuña (quien para entonces había realizado dos combates en Estados Unidos contra Christy Martin y Lucía Rijker), logró obtener la primera licencia femenina, el boxeo profesional entre mujeres quedó oficializado en el país. A los pocos días la Tigresa enfrentó a Jamillia Lawrence en el estadio de la FAB, inaugurando una nueva era en el boxeo nacional. Un año después, el 19 de enero de 2002, Acuña venció a Patricia Quirico y ganó el primer Título Argentino.
Hoy las mujeres tienen una participación destacada en el boxeo mundial y local, pero todavía están dando batallas importantes, como la de la inequidad en las bolsas.