En el nombre de todas

En el nombre de todas

Es urgente pensar en un 8 de marzo que nos encuentre conquistando derechos, en un sistema deconstruido, con compañeres deconstruídes.
Es un hartazgo. En serio, es un hartazgo. Nos siguen matando, el jefe de la oficina nos sigue levantando la voz, en la escuela se nos exige más “prolijidad”, en la casa más ayuda y en todos lados nos pagan menos, nos respetan menos y nos explotan más.
Sigue pasando que el Estado se preocupa más por una tapa de cloacas que porque no nos maten.
Sigue pasando que mueren mujeres en abortos clandestinos, que la iglesia nos dice qué hacer con nuestro destino, que el puño del hombre golpea en nuestros rostros porque es el cuento que aprendió en todos lados: desde chiquito en la casa, en el barrio, en la escuela, en la tele, en el rugby, en el cine, en la película porno y en la cerveza entre amigos.
Sigue pasando y ya nos cuesta retener los rostros que se amontonan en la tele, en un espectáculo animalesco sobre lo que hacen, o no, con nuestros cuerpos.
No necesitamos show. Dejen de mostrarnos como parte del morbo que los excita.

n En pie de lucha
Estamos hartas, pero en pie de lucha. En marzo fueron cinco los femicidios en los tres primeros días. El domingo 1 de marzo Brenda Micaela Gordillo fue noticia porque fue víctima de un femicidio estando embarazada. Ese mismo día un hombre de 22 años mató y violó a Guadalupe Ezeiza, su prima de 10 años. El lunes un hombre asesinó a Jordana Rivero tirándola de un 7mo piso en Mar del Plata. Ese mismo día Octavia Colque era buscada por su hermana y a pareció enterrada en la casa de su ex pareja este martes. Este 3 de marzo también se encontró sin vida a Agustina Atencio, una adolescente que había desaparecido el sábado pasado
Podríamos publicar una docena de tomos, sólo con los nombres de las compañeras que no están. Y acá estamos, escribiendo con la garganta apretada, porque estamos a destiempo, en el núcleo de una sociedad patriarcal, almidonada, que nos invita a ser espectáculo, morbo y objeto de lo que hace tiempo, decidimos no ser.
No seremos más las sumisas del ayer. En memoria de todas las compañeras que no estarán este 8 de marzo, nos queda imponer la agenda de la igualdad.
Vemos signos que nos alientan: Ley Micaela, la creación de los Ministerios de las mujeres, los avances en la despenalización del aborto y la inclusión de les compañeres trans en algunos espacios estatales. Vemos signos que el pasado 8 de marzo parecían impensados: un discurso oficial que se ocupa de la lucha que emprendimos en la calle.
Tarea para el hogar: sacudirse los mandatos machistas, entender la desigualdad de género como una desigualdad mucho más grande a la que llamamos patriarcado, dejar de criticar la lucha de las compañeras y abrazarnos hoy y siempre, en esta diversidad, contra el puño que nos violenta.
Que el próximo 8 de marzo, dejemos de ser noticia.