Delfo Cabrera y otros

Delfo Cabrera y otros

SOLILOQUIOS DE UN MEMORIOSO

Recientemente se ha escrito en el diario una muy buena nota referida a la hazaña deportiva de Delfo Cabrera en las Olimpíadas de 1948 en Londres, al ganar la mara- tón olímpica.
Respetuosamente me permito agregar algo como es la visita que Delfo Cabrera hizo a 9 de Julio poco tiempo después de ese acontecimiento mundial.
Si bien el gobierno de entonces lo utilizó como promoción política igualmente era importante que la gente pudiera conocerlo personalmente en esas recorridas, en épocas en que las figuras se veían en los diarios, en las revistas o en la brevedad del noticiero Sucesos Argentinos que se exhibía en los cines.
No recuerdo la fecha en la que vino pero lo hizo junto con otro atleta importante de la época que se llamaba Ricardo Bralo.
Hizo una demostración de carrera alrededor de la pista del Club Atlético, acompañado por algunos atletas nuevejulienses. Asistió una multitud y los chicos de entonces estábamos ansiosos de poder estar cerca de semejante figura.
Lo recuerdo bajito, delgado, musculoso, con una generosa sonrisa en su cara redonda y huesuda pero con gesto amable hacia todas las expresiones del público.
Luego de correr, eran otros tiempos, no fue recibido por medicos deportólogos, kinesiólogos o entrenadores ni pidió aguas energizantes. Se fue hasta una canilla que estaba cerca de la cancha y allí se refrescó y bebió agua corriente con sus manos como cuenco. Los chicos estábamos alborotados rodeándolo con esa admiración que generan los ídolos y además porque con sus gestos humildes dejó un gran recuerdo.
Ya que de ídolos estamos hablando quisiera referirme a otra gran figura que venía a 9 de Julio con cierta frecuencia. Me refiero a Luis Angel Firpo . Según se decía tenía campo en Carlos Casares pero sus intereses se manejaban desde 9 de Julio.
Recuerdo ver entrar esa gran estatura y con paso lento en el Club Atlético, cuando estaba en la calle La Rioja, y esa enorme cabeza que justificaba el mote de «toro salvaje de las pampas». Solía sentarse en una mesa a tomar café, a veces solitario y silencioso. Los muchachos tratábamos de sentarnos cerca para ver si decía algo, cosa que nunca ocurría. Mirábamos su figura y especialmente esas enormes manos con las que sacó del ring a Jack Dempsey en aquella memorable pelea.
Nos sentíamos frente a un prócer del deporte, un busto, ya que no hablaba. Un amigo que lo llevó a Carlos Casares me contó que en el trayecto de ida y vuelta no dijo una palabra, era así.
Así como entraba, cansino y silencioso, se retiraba con su estampa generalmente de traje oscuro dejando una estela de comentarios entre todos los que estaban en el Club.

EL MEMORIOSO