Orgullosalteño:Caminó horas por los cerros para dar clases y ahora se jubiló

Cosas que pasan... 07 de enero de 2018 Por
Durante 24 años caminó 7 horas por los cerros salteños para dar clase. Acaba de jubilarse, pero seguirá luchando para construir una ruta de montaña que llegue hasta su escuela.
41147-camino-horas-por-los-cerros-para-dar-clases-y-ahora-se-jubilo

Alejo Acuña sale a cada rato al fondo de su casa. Y se entiende: pasó 24 años de su vida dando clases en una escuelita perdida entre los cerros salteños a la que llegaba con una caminata de entre 7 y 8 horas por la montaña, y sentir ahora un poco de pasto y tierra en sus zapatos lo ayuda a sobrellevar la transición a la vida urbana. El maestro rural acaba de jubilarse.

"Los docentes de frontera se pueden retirar con 25 años de aportes. Yo ahora vivo en la ciudad con mi familia, y no termino de acostumbrarme", dice Alejo, por teléfono, desde Salta capital. Y cuenta que este mes va a cobrar su primera jubilación y que aunque no está deprimido su nueva vida le cuesta.

Clarín lo había acompañado el último Día del Maestro hasta la escuela N°4236 Fray Bartolomé de las Casas de Sala Esculla, a unos 35 kilómetros al sudeste de Iruya.

Para llegar hasta ahí es necesario cumplir con una interminable travesía que desafía los límites físicos y psicológicos de cualquiera que no esté acostumbrado a los efectos de la altura. El camino nace en el paraje Río Grande, donde se empieza a seguir un irregular sendero a pie o lomo de mula. En el punto más alto del recorrido, conocido entre los lugareños como el Abra Helacho, se alcanzan los 4.700 metros sobre el nivel del mar. Allí la temperatura es bajo cero, los vientos pueden voltear a un adulto y el apunamiento se siente. Mucho.

"Todavía no estoy adaptado a mi nueva situación. Es un cambio radical, que me va tomar algún tiempo aceptarlo del todo", explica. Tiene 50 años y entre 1993 y 2017 les enseñó a leer, a escribir y a pensar a chicos de entre 3 y 15 años en un paraje perdido entre los cerros de la precordillera salto-jujeña. Este año tuvo 15 alumnos, todos de familias muy humildes de las montañas, que duermen y se alimentan allí de lunes a viernes. Alejo solía pasar entre dos semanas y un mes en el lugar, muchas veces sin posibilidad de hablar con su mujer y sus hijos.

Acuña, calcula, habrá caminado por esa senda "unas 500 veces, sin exagerar". Lo hizo por última vez cuando fue a la escuela para llevar un dinero que recibió para el comedor escolar: "Hice la rendición y me volví a despedir de Noemí (Chauqui, la docente que lo reemplazó como directora de la institución) y los alumnos. Fue bastante emocionante. Los chicos suelen ser poco demostrativos pero cuando llegué más de uno me abrazó bien fuerte. Alguna lagrimita salió, de los dos lados. Me quedé un par de días y después me volví definitivamente a Salta. Extraño mucho la vitalidad de esos chicos, sus silencios, sus frases, sus travesuras...".

"Prometí volver para la fiesta de nuestro patrono, San Judas Tadeo. Es el 28 de octubre. Igual voy a tratar de ir antes, porque quiero mantener el vínculo con los chicos, acompañarlos e incentivarlos a que sigan estudiando después de terminar la secundaria. Sería feo que no lo hicieran. Además, quiero mantener mi estado físico", comenta el maestro.

Y asegura que extrañará el tortuoso camino hacia la escuela tanto como a sus alumnos: "La tranquilidad del cerro, el ruido del agua del río y el viento puro y fresco son cosas que en la ciudad no se sienten. Acá sólo se escucha el ruido de los autos... La caminata me costaba, pero era como una terapia, un cable a tierra. Usaba esas siete u ocho horas para conectarme conmigo mismo".

A pesar de ese sacrificio, dice que no se siente un héroe ("un héroe es quien hace las cosas de manera altruista, yo cobro un sueldo", le había dicho a Clarín cuando lo acompañó en su travesía).

Al mirar atrás, dice que se fue conforme con su labor en la escuela. Pero avisa que le quedó una cuenta pendiente, un sueño que desde hace años le reclama al Estado y que todavía no pudo cumplir: que se construya un camino en la montaña para llegar al lugar en vehículo y facilitar la llegada de provisiones y poder evacuar emergencias.

"Tenemos expedientes abiertos en la Dirección de Vialidad de la provincia de Salta, pero no hay novedades. Es muy triste. Por más que cambien las vías de comunicación (la escuela tiene hasta Wi-Fi), es vital que haya una ruta para poder llevar mercadería, que entren médicos, odontólogos... Lamentablemente hoy vemos como una utopía a algo que debería ser un derecho básico de los chicos. No sé si es responsabilidad del gobierno nacional, provincial o municipal, pero es una iniciativa que todos deberían apoyar. Vamos a seguir insistiendo hasta que lo hagan. No me voy a cansar", reafirma como si hiciera falta poner a prueba su paciencia y disciplina.

Sin ninguna gran responsabilidad más que dedicarle a su mujer y a sus hijos todo el tiempo que no les pudo dar durante los últimos años, el maestro ya tiene planes para 2018: seguir estudiando y hacer deporte. "Quiero aprender algo de comunicación y periodismo. También quizás algo de peluquería, para ayudar a mi hijo, que es peluquero. Y dentro de poco ya arranco con la pretemporada porque se larga el torneo de veteranos del barrio. Me encanta el fútbol. Lo único que sé -asegura- es que no quiero pasar mucho tiempo adentro de la casa". Y como buen docente, cierra con una metáfora: "Llegué al final de un camino. Ahora empieza otro".

Fuente de la Información: Clarín

Te puede interesar