“ser la voz de los que no tienen voz “

“Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía” (Mariano Moreno)
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En el primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba en el año 1938 se estableció que el día 7 de junio se celebre el “Día del Periodista” recordando la fundación del primer medio de prensa de la etapa de la independencia, conocido con “Gazeta de Buenos Ayres”, creado por el abogado Mariano Moreno en el año 1810.

El doctor Mariano Moreno, entre sus frases célebres, insistía en la necesidad que el pueblo estuviese informado y formado, para defender sus derechos y tomar conciencia de su poder. La ignorancia y la desinformación sólo los llevaría a cambiar de tiranos, de patrones, pero no hacia un camino de libertad y progreso.

Hoy los medios, como antes, no sólo tienen la misión de informar noticias, sino de formar las conciencias, motivar el ánimo de los hombres y mujeres de una nación, y en no pocos casos, convertirse en garantes para que la justicia llegue a los más desposeídos.

Los medios de comunicación son los mayores beneficiados del mundo tecnificado. Los avances en esta materia han sido vertiginosos y el acceso ha logrado que muchos individuos puedan compartir de manera inmediata noticias y difundirlas de manera capilar. Estas noticias pueden ser verdaderas o falsas, buenas o malas, positivas o negativas. Los comunicadores deben tener una actitud ética frente a su tarea. Si un médico hace un juramento hipocrático por la responsabilidad que tienen frente a la vida humana,  el periodista debe hacer un juramento a su propia dignidad, ya que sus palabras, su escritura, sus gestos van directamente a la formación de lo más sagrado que tiene el ser humano, su templo íntimo, la conciencia. Sus gestos y palabras son recibidos por la inteligencia humana en su gran mayoría, como palabras santas, poseedoras de la verdad.

 La comunicación debería ser una fuente de esperanza y alegría, una forma de advertencia sin angustia, de realismo sin morbosidad, sabiendo que se puede seleccionar la noticia y sobre todo el modo de ofrecerla. La mente del hombre está siempre en acción y no puede dejar de «moler» lo que recibe, decía Casiano el Romano, uno de los Padres de la Iglesia,  pero está en nosotros decidir qué material le ofrecemos y como lo ofrecemos.

Quiero citar al tan querido y cuestionado a la vez, Papa Francisco, que decía “Quisiera exhortar a todos a una comunicación constructiva que, rechazando los prejuicios contra los demás, fomente una cultura del encuentro que ayude a mirar la realidad con auténtica confianza”. En un mundo convulsionado por las amenazas de inseguridad, el crecimiento continuo de la desconfianza en el otro, en un mundo de la sospecha constante que tiende a que el hombre se cierre sobre sí mismo y las sociedades se aíslen, la gran misión de los periodistas de todos los rubros de la comunicación será –mientras sean creíbles- construir una sociedad donde reine la confianza, la solidaridad, el encuentro.

Dirá el Papa Francisco,“Creo que es necesario romper el círculo vicioso de la angustia y frenar la espiral del miedo, fruto de esa costumbre de centrarse en las «malas noticias» (guerras, terrorismo, escándalos y cualquier tipo de frustración en el acontecer humano). Ciertamente, no se trata de favorecer una desinformación en la que se ignore el drama del sufrimiento, ni de caer en un optimismo ingenuo que no se deja afectar por el escándalo del mal. Quisiera, por el contrario, que todos tratemos de superar ese sentimiento de disgusto y de resignación que con frecuencia se apodera de nosotros, arrojándonos en la apatía, generando miedos o dándonos la impresión de que no se puede frenar el mal”.

Las tentaciones que se deben evitar en la comunicación son la del éxito a cualquier precio, la falta de lealtad con uno mismo y con la gente común, los destinatarios de nuestros mensajes; y la otra es pretender que una visión limitada sea absoluta y se intente imponerla como única verdad. Una actitud ética se espera de quienes manejan la información, que nunca debe ser ocultada o deformada, sino entregada de modo cuidadoso, delicado, entrando en la conciencia de la audiencia, sabiendo que  sólo con pies descalzos se puede caminar en el corazón y la inteligencia humana sin herir ni lastimar.

Un equilibrio heroico se requiere de cada uno de los comunicadores para no traicionar su misión. Ojalá los comunicadores, periodistas, técnicos, gente de radio y televisión, de la prensa o de internet, pudieran entender la grandeza de esta singular vocación: “ser la voz de los que no tienen voz, ser maestros de la conciencia social de los hombres y mujeres de su tiempo”.

Felipe Hipólito Medina

Lic. en Ciencias Religiosas

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