Rodrigo, el pibe que vende pastelitos, es carrero y escolta

Cosas que pasan... 09 de junio de 2016 Por
Tiene 14 años quiere ser maestro mayor de obras. "Mis padres me dicen que siga estudiando para terminar el colegio" "Con un poco de esfuerzo se puede todo", dijo el niño y que se convirtió en un ejemplo de voluntad y esperanza pese a las adversidades de su situación económica.
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Rodrigo Alejandro Pereira es un adolescente, de 14 años, que trabaja para poder ayudar a su humilde familia y sobresale en la escuela con 9 de promedio, con el sueño de recibirse y ser maestro mayor de obras.

"Pastelito" –como lo llaman desde la primaria por vender pastelitos dulces en los recreos del colegio para aportar a la economía de su casa– es además, escolta de la bandera de su escuela, al Ipem Nº 2, del barrio Ciudad Parque Las Rosas.

El joven Rodrigo  contó que además de estudiar y vender los pastelitos que prepara su madre en sus tiempos libres, es carrero durante los fines de semana, al igual que su familia.

"Mis padres están orgullosos de mí, siempre me dicen que siga estudiando para poder terminar el colegio y conseguir el título que deseo", dijo Rodrigo.

"La venta de pastelitos no es siempre, depende si hay plata o no en mi casa para cocinar. Pero cuando llevo para vender en la escuela generalmente me piden dos docenas, por lo que junto unos 150 pesos que le doy a mi mamá que los administra para pagar cuenta o para hacer más pastelitos", contó.

Y continuó: "Además de estudiar, trabajo y ayudo a mi mamá con las tareas de la casa, limpiar, planchar, cocinar, esas cosas".

Y afirmó: "Se puede trabajar y estudiar, todo el mundo puede, depende de la persona y si realmente quiere o no, pero si no lo hace nunca podrá tener un trabajo digno".

Según indicó, le faltan cuatro años para recibirse y mientras tanto pasa largas horas en el colegio, desde temprano por la mañana hasta pasadas las 18.30.

Allí, sobresale con un promedio de 9, por ser escolta de la bandera y por colaborar con actividades para el colegio.

"Cuando falta el abanderado me toca hacerme cargo a mí de la bandera", se enorgulleció.

Y contó que en su deseo por ser mayor de obras comenzó con algunas tareas en la escuela, como la construcción de varias paredes de durlock para la preceptoría y la sala de informática.

"Con un poco de esfuerzo se puede todo", dijo el niño que halló el diario La Voz del Interior y que se convirtió en un ejemplo de voluntad y esperanza pese a las adversidades de su situación económica.

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