Atención padres: decálogo para fabricar un pequeño delincuente en casa

PARA REFLEXIONAR... 04 de febrero Por
Emilio Calatayud lleva 30 años al frente de un juzgado de Menores en España. Mediático y muy popular por sus charlas sobre educación, advierte contra la permisividad, la corrección política y el uso prematuro de celulares- Inculquen a sus hijos la honestidad, el trabajo, la generosidad, el esfuerzo, el amor, el perdón (Calatayud)-Emilio Catalayud defiende la necesidad de que los menores sepan que no sólo tienen derechos sino también obligaciones-
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Teniendo en cuenta el debate que recientemente encendió los ánimos en nuestro país sobre el grado de responsabilidad de un menor que delinque, algunas de las sentencias de Emilio Calatayud, 61 años, juez de Menores en Granada, tienen una especial resonancia: "Los niños no son los reyes de la casa"; "hemos pasado del padre autoritario al padre colega"; "los niños son menores pero no son tontos"; "lo mismo que se le habla a un chaval de sus derechos, hay que hablarle de sus deberes"; "a veces me dan ganas de condenar a los padres", etcétera. Y sus célebres"Diez pasos para crear un delincuente"

Son todas reflexiones que deberían encontrar un eco en un país como Argentina donde se considera que un chico de 16 años está en condiciones de votar pero no de distinguir lo que es un delito de lo que no lo es, entre otras cosas, porque sólo se lo considera un sujeto de derecho -un niño Rey- y no de deberes y responsabilidades. Como mínimo, la de obediencia a los adultos.

A contramano de una tendencia permisiva -que no es sólo argentina como se ve- el juez reclama reconstruir plenamente la autoridad de padres y maestros y denuncia la "nueva droga dura" -los celulares- que "está llenando su juzgado de menores que de adictos pasan a maltratadores y delincuentes", según reporta el sitio Religión en Libertad que lo entrevistó recientemente.

Calatayud defiende la necesidad de una educación de dimensión espiritual, en valores que, aunque él es católico, considera comunes a las principales religiones. Es prioritario que los padres "inculquen (a sus hijos) estos valores como la honestidad, el trabajo, la generosidad, el esfuerzo, el amor, el perdón, los valores que yo he aprendido a través de mi educación religiosa católica y que hay que inculcar a los hijos", dice.

Pero se muestra preocupado porque la educación actual se rige más bien por lo "políticamente correcto", tanto en el lenguaje como en la forma de actuar, con la consecuencia gravísima de la falta total de autoridad.

En opinión del juez, que no le teme a palabras como "prohibir" y "castigar", "hay que llamar al pan, pan, y al vino, vino". "Diciendo las cosas por su nombre con cariño y respeto no se ofende nadie pero hay que ser claro -agrega-; no se puede luchar contra los males si no se les llama por su nombre".

Pensemos que, entre nosotros, se ha impuesto por ejemplo el eufemismo "menores en conflicto con la ley"….

"En este momento está en crisis el principio de autoridad, en todos los aspectos", dice Emilio Calatayud. Entre otras cosas, por el temor de que "hablar de autoridad" implique volver "a tiempos pasados". Una reflexión apropiada al clima que se vive en Argentina donde, desde el fin del Proceso militar, existe una fuerte tendencia a asimilar todo tipo de autoridad, orden y disciplina a lo dictatorial.

No somos originales. En su libro Reflexiones de un juez de menores, Calatayud escribe: "En este país hemos pasado de un estado dictatorial a un estado democrático y de derecho, [y] hemos saltado de un extremo a otro. Es decir, si en el régimen dictatorial no teníamos derechos (…), ahora parece que lo que no tenemos son obligaciones. Y esto se acentúa aún más cuando hablamos de menores, como si las leyes se redactaran para otorgarles a ellos todos los derechos y despojarles de obligaciones".

Para Calatayud la ausencia de autoridad está en relación directa con la violencia juvenil y responsabiliza en buena medida a los gobiernos por no respaldar y fortalecer la autoridad de los padres y docentes. Es muy difícil ejercer una autoridad sin legitimación social e institucional.

El magistrado combate fuertemente el concepto de que padres e hijos son iguales: "Yo no soy amigo ni colega de mis hijos porque si no les dejo huérfanos de padre. Soy su padre para lo bueno y para lo malo". Lo mismo vale para los maestros, cuya autoridad debe ser respaldada y no combatida por los padres.

No duda en calificar como "epidemia" o "droga dura" a la adicción al teléfono celular y demás dispositivos móviles. Por un lado pueden ser generadores de delitos; por el otro, convertir a los menores en víctimas. "Es una vergüenza que el regalo estrella de las Navidades sean los móviles de última generación para criaturas de 11 o 12 años", dice, a la vez queadvierte sobre los muchos delitos -chantaje sexual, pornografía infantil, violaciones de la intimidad, coacciones, amenazas- de los que los menores pueden ser víctimas a través de los móviles.

Pero también denuncia que "aumentan los maltratos de los hijos a los padres", por caprichos y exigencias relacionados con su deseo de tener y usar en permanencia estos aparatos. Para saber si un menor es adicto, Calatayud tiene un método sencillo: castigar al chico quitándole el móvil por un fin de semana y ver cómo reacciona.

El juez propone limitar la edad de acceso a estos dispositivos -algo que debería ser responsabilidad de los padres-, prohibirlos en la escuela y diseñar dispositivos con menos funciones. ¿Por qué no hacer como con los cigarrillos y advertir de que se trata de una tecnología que "puede ser adictiva"?, pregunta.

Vale aclarar que Calatayud es un juez favorable a la reinserción de los menores pero, como suele decir en sus charlas, no es sencillo reinsertar a un menor que nunca supo lo que era estar insertado en la sociedad. Aun así, siempre busca aplicar "justicia educativa" y no sólo punitiva, optando por la alternativa de un servicio comunitario que reeduque al menor.

En el libro citado, Emilio Calatayud incluye su célebre "Decálogo", aclarando que sólo se limitó a recopilar conclusiones propias y ajenas verificadas a lo largo de su experiencia profesional.

Más allá de la ironía, debería mover a la reflexión en un país como el nuestro donde autoridades y padres han mostrado ampliamente suincapacidad para siquiera combatir el bullying en las escuelas. Quizás los consejos de Calatayud podrían aplicarse también en ese plano:sin restablecer la autoridad de padres y maestros y mientras se siga pensando que sanciones y expulsiones son crímenes de Estado no habrá modo de erradicar de las aulas el patoterismo infantil.

Decálogo para formar un delincuente

– Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

– No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

– Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.

– No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

– Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

– Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

– Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

– Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

– Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

– Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

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