No la conocía, la vio triste y ahora la ayuda a construir una casa digna

Cosas que pasan... 17/05/2016 Por
Cruzada solidaria Verónica se enteró de las dificultades de Claudia y sus 7 hijos. Por eso, puso manos a la obra. Planean terminar la obra en julio.
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Claudia Palavecino (37) trabaja en el geriátrico de City Bell en el que está internada la mamá de Verónica Prío (49), que sufre Alzheimer. Ellas se habían visto varias veces pero recién intercambiaron palabras cuando, hace casi dos años, Verónica prestó atención al embarazo ya avanzado de Claudia. Se acercó para acariciarle la panza y notó que la futura mamá estaba triste. En ese contexto, empezaron a hablar y Claudia le contó su historia: le dijo que el bebé en camino iba a ser su séptimo hijo, que poco tiempo atrás había quedado viuda por segunda vez y que las desafortunadas coincidencias eran más. “De nuevo, había perdido a un marido en un accidente de tránsito y la pesadilla de sufrir esa desgracia estando embarazada también se repetía”, precisa Verónica a este diario. Tras escuchar su relato, se conmovió y decidió llevarle unos juguetes a su casa y allí se encontró con otro drama: los siete (ahora ocho) dormían en la única habitación de una vivienda precaria, con peligro de derrumbe y electrocución. Fue entonces que Prío, que es veterinaria, tiene tres hijas y está separada, inició una campaña a través de las redes sociales para construirle un techo digno a esta familia de La Plata.

“Vos estás loca”, fue la respuesta de Claudia cuando Verónica le dijo que quería ayudarla con la casa que queda en calle 484 entre 31 y 31 bis. Pero, a pesar de esto, siguió con su plan. “No podía mirar para otro lado, cuando la visité por primera vez me desesperé, nadie debería vivir así”, resume Prío. Y agrega: “A mí me gustaba escuchar el ruido de la lluvia golpeando contra el techo de mi casa hasta que conocí a Claudia. Ahora, cada vez que llueve pienso que se están mojando”.

Para transformar a este dos ambientes con serios problemas –además de tener un solo espacio para dormir, el techo está muy deteriorado por lo que entra frío y agua y empapa, entre otras cosas, un calefón eléctrico que está dentro de un baño mínimo--, Verónica publicó una carta en su cuenta de Facebook para difundir el caso. Y empezaron a llegar colaboraciones.

“Abrí una cuenta en un corralón y pedí materiales para construir. También recibo muebles y manos de los que quieran sumarse”, explica Verónica. “Hubo quienes me donaron 120 pesos, que es lo que cuesta una bolsa de cemento, y hasta una persona que puso 12 mil con los que pagamos la totalidad de los ladrillos”, aporta la veterinaria, que asegura que primero la contactaron sus amigos y luego, con sorpresa y mucha alegría, empezó a recibir donaciones de amigos de sus amigos y de desconocidos.

De los planos se ocupó una arquitecta amiga y uno de los abuelos de los chicos ya encaró la construcción. “La idea es hacerles una habitación nueva con entrepiso para que vivan mientras reparamos la parte vieja y que después usen la ampliación para estar más cómodos. Vamos a armar de cero la cocina y el baño”, detalla Verónica. Y remarca que su intención es terminar con la vivienda en julio.

Claudia, como sus hijos Daiana (22), Jesuán (13), Tiziano (8), Jazmín (6), las mellizas Sol y Luna (4) --una tiene una discapacidad– y Daniel (1), agradecen a Dios y a Verónica por esta cruzada solidaria. “Es la primera vez que alguien nos ayuda desinteresadamente”, dice Claudia, que afirma que ella hace todo lo posible para sacar adelante a su familia aunque con un único sueldo “es muy difícil”.

Mientras intenta calmar a uno de sus hijos que llora y responde al pedido de otro, le habla a Clarín. Cuenta que Antonio, su primer marido, murió en un accidente en moto cuando ella estaba embarazada de seis meses y que Daniel, el segundo, falleció al caer de un cuatriciclo sin saber que ella esperaba un bebé, el último, al que le puso como él. “Cuando estaba por superar mis miedos, me volvió a ocurrir lo mismo. Desde entonces, me sentí muy sola. Hasta que apareció Verónica”, confía esta mamá que hace malabares para que todos sus hijos vayan al colegio. “Con mi hija mayor nos turnamos para cuidar a los chiquitos. Yo trabajo 8 horas en el geriátrico y apenas vuelvo Daiana sale para la facultad, donde estudia Trabajo Social”, cierra Palavecino, quien está orgullosa que su hija mayor, pese las dificultades, pueda seguir en la universidad.

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FUENTE-DIARIO CLARIN

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