La historia de Hartmut;el patrón alemán que envenenaba a sus peones

Spacio al Saber 23 de diciembre de 2018 Por
Llegó de Colonia, Alemania, cuando tenía 8 años. Se instaló en Salta y con el tiempo se convirtió en productor ganadero. Rústico como buen teutón, reacio a las reuniones sociales, parco.Hartmut Torsten Theobald (46) es simplemente "El Alemán" para sus vecinos.
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Está en pareja con una mujer, pero ella vive con sus hijos en la ciudad de General Güemes. A 30 kilómetros de distancia vive él, con su madre, en la finca "El Salto", de 60 hectáreas, en las rutas 9 y 34, en el paraje Palomitas. O, mejor dicho, vivía, porque hoy está en un calabozo y camino a juicio oral.

En el campo tenía a dos peones, distantes entre sí, en condiciones paupérrimas. Uno era Ramón Ignacio Casas (55), que estaba en una pieza. El otro, Benito Soraire (53), en una casa. Ambos cobraban un salario mensual de 5.000 pesos, pero les quedaban poco más de 3.000 porque Hartmut no era muy suelto con el dinero, más bien lo contrario, y además les descontaba la comida.

Casas terminó muerto, tras ser envenenado por su patrón con un potente pesticida, de acuerdo a la acusación de la Justicia. Tres días después, Soraire se salvó porque apenas probó un bocado y empezó a vomitar. En el primer episodio, también murieron cuatro perros que saborearon la misma carne. Y dos perros en el segundo. No sólo eso, dos zorros y cuatro caranchos que se alimentaron de los cadáveres de los animales corrieron la misma suerte.

"El Alemán" está detenido desde octubre en la alcaidía de Salta. El fiscal penal N° 4, Ramiro Ramos Ossorio, le imputa el "homicidio calificado por el uso de veneno u otro elemento insidioso" en perjuicio de Casas, un delito que prevé prisión perpetua. Y ahora amplió la acusación con el intento de asesinato contra Soraire.

Casas llevaba cinco años cuidando la hacienda de Hartmut. Cansado del maltrato y las precarias condiciones laborales, decidió averiguar en la AFIP sobre su situación. Hicieron las cuentas y concluyeron que el ganadero le adeudaba, por distintos conceptos, entre 350.000 a 400.000 pesos. El peón hizo el reclamo y el patrón lo tomó como una traición, como un puñal por la espalda. Y tramó la venganza.

"Si me pasa algo, desconfíen del patrón. Me quiere hacer desaparecer, no me va a meter un tiro, pero me va a hacer algo", les dijo el empleado a sus familiares, que nunca creyeron que el presagio finalmente se iba a cumplir aquel octubre.

Hartmut le llevó la carne para el guiso. Casas comió y les convidó a sus dos perros. Terminaron los tres muertos, por un falla multiorgánica. Y también las dos mascotas de la hermana del peón, con la que estaba peleada pero vivía a pocos metros de su cuarto.

Antes de eso, "El Alemán" le había robado de la pieza los papeles de la denuncia que había presentado hacía dos semanas. Cuando lo encontró sin vida, tirado en su cuarto, el 22 de octubre, fue hasta la comisaría de General Güemes para denunciar el caso. Mintió al decir que era el único peón que tenía y mintió al decir que llevaba apenas 10 días trabajando con él. Y dijo que lo había visto por última vez cuatro días antes.

"Capaz que se envenenó", les aseguró a los agentes tras indicarles que había una botella en la habitación. En su interior, y también en un plato, había Furadan, un pesticida prohibido, de uso agrícola, que causa una muerte inmediata, en un período de 8 a 10 minutos. Suelen utilizarlo en matanzas de perros, como la jubilada que envenenó a más de 40 perros en el barrio porteño de Parque Avellaneda este año o el que mató a más de 150 animales en la ciudad bonaerense de Bolívar hace seis años.

Dos semanas antes, Hartmut se había anticipado a una posible movida en igual sentido de su otro peón, Soraire, con una antigüedad en el campo de 33 años y varias quejas acumuladas porque el productor "le daba lo que se le antojaba" para el salario. La modalidad fue idéntica. El lunes 15 de octubre, le llevó un kilo de carne y chorizos hasta su casa, situada a dos kilómetros del casco, y el trabajador la cocinó, a pesar de que emanaba un fuerte olor. Un solo bocado lo condujo a los vómitos. Bebió agua y leche. Volvió a vomitar.

Soraire, indocumentado, analfabeto y sin familia, guardó la carne en la heladera y, mareado, se acostó. Al día siguiente, fue a ver a su patrón, a quien le reclamó por el mal estado de la carne y le pidió que lo llevara a un hospital, porque seguía sintiéndose mal, pero el hombre le dijo que esperara. El miércoles lo alcanzó hasta la ruta y el peón se fue caminando hasta el centro de salud.

El sábado 20 se volvió y le dio el chorizo a su perro chiquito. La muerte fue fulminante. Entonces tiró la carne arriba del techo. Doce días antes, cuatro perros que vivían con él también habían corrido la misma suerte. Lo mismo que dos zorros y cuatro caranchos.

Los peritos analizaron la carne y un veterinario, los cuerpos de los animales. Todos contenían carbofurano (Furadan), un pesticida que con un cuarto de cucharadita (1 ml) puede ser fatal. Se usaba en el campo para el control de insectos y gusanos en la tierra. Era el mismo veneno usado para matar a Casas.

Así se ordenó la detención de Hartmut, quien jura su inocencia, aunque nadie le cree. Para los investigadores, tiene un "perfil psicopático particular". Ahora rastrean su pasado para determinar si puede haber más casos.

FUENTE Newsletters Clarín

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