Se avecina la noche de las ofrendas por el Día de los Fieles Difuntos

Cosas que pasan... 29 de octubre de 2018 Por
Según la creencia, las almas de los muertos vuelven a sus casas a participar de las comidas que se les ofrece.
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El próximo viernes 2 de noviembre se recordará el Día de los Muertos o de las Almas. Es la fecha asignada por la Iglesia Católica para recordar a los fieles difuntos. La celebración se basa en la doctrina que sostiene que a las almas de los fieles, que al tiempo de morir no estaban limpias de pecados veniales, se las puede ayudar a alcanzar la Visión Beatífica con rezos y misas. 

Algunas de las creencias relacionadas con el Día de las Almas son de origen pagano y vienen de tiempos inmemoriales. Así, los campesinos de muchos pueblos católicos creen que en la noche del 1 al 2 de noviembre, los muertos regresan a las casas donde vivieron para participar de las comidas que sus deudos les preparan y que denominan “ofrendas”.

Preparativos

Todos los años para finales de octubre, muchos católicos de los valles esperan ansiosos la visita de las almas de sus difuntos. Desde días antes comienzan a acopiar aguardiente, vino, chicha, aloja, cerveza, agua, pan, coca, queso, cigarrillos, caramelos y todos los manjares que gustaban paladear las almas de la casa. En el caso de que haya un difunto nuevo en la familia, éste se lleva obviamente, todas las preferencias. Pero además de las “ofrendas”, también confeccionan flores artificiales para armar ramos y coronas muy delicadas. 

Todo debe estar listos para la tarde del 1 de noviembre. Al anochecer, en una pieza que no entra nadie más que el ama de casa y su ayudanta, se colocan las “ofrendas” sobre una mesa preferentemente con mantel blanco. Además de los alimentos, se colocan en la mesa flores, estampitas y fotos de los difuntos. Una vez que ya todo está dispuesto, se tranca bien la puerta y todos se retiran a descansar.

Responso y repartija 

Para el Día de las Almas, la familia se levanta al alba y se prepara para ir al cementerio. Portan velas, ramos y coronas de flores naturales y artificiales, más alguna cruz nueva si es necesario reemplazar las viejas. Ya en el cementerio, la familia participa de la misa que el párroco reza en el lugar. Concluida esta, las familias solicitan al sacerdote que les rece un responso sobre la sepultura del pariente o ante el nicho, pues según se cree, la bendición ante la tumba es más efectiva que la del templo o de la sacristía. 

Luego del responso al pie de la tumba, la familia procede a adornar las sepulturas o los nichos. Allí colocan las flores y las coronas, encienden las velas y finalmente rezan según las instrucciones que da la “esclava”. Concluidas todas estas ceremonias, la familia con sus amistades más íntimas, regresa a su casa donde proceden a abrir la pieza de las “ofrendas” para luego almorzar los “restos” dejados la noche anterior por las almas. A esto llaman la “repartija”. 

Otros aportes

Pero además de repartir las “ofrendas”, la familia refuerza el almuerzo con otros platos llegando incluso a sacrificar animales. A ello hay que agregar el aporte de los invitados. 

Por lo general, estos encuentros de familia que siempre comienzan con rezos a cargo de las “esclavas”, luego se prolongan hasta altas horas del día siguiente, entre brindis, música y cantos con cajas. Para esta ocasión, cajeros y copleros deben abstenerse de llevar cajas con parches de cuero de cerdo, pues eso causa peleas y desencuentros. Quizá por aquello de que el pobre chancho carga con la maldición de no poder mirar el cielo. 

De todos modos, estas celebraciones son tradiciones muy antiguas del norte argentino que aún se conservan pero con distintas variantes.

Cuidado de las cruces 

Las cruces son otro de los elementos a los que se presta buena atención antes del Día de las Almas.

Con anterioridad, un miembro de la familia se ocupa de poner en buenas condiciones las cruces de los parientes que descansan en el campo santo. Se arreglan y se pintan cuidando de resaltar nombres y fechas. Para el 2 de noviembre, las cruces deben estar relucientes y listas para recibir las coronas y los ramitos de flores que los deudos colocarán en ellas. Otro tanto ocurre con las cruces erigidas donde el difunto sufrió un accidente fatal. Se remozan, pues también serán adornadas con flores y coronas. 

Las ferias de los cementerios
En el norte, a la puerta de los cementerios, se venden flores, bebidas y pan casero.

Para el Día de las Almas, los cementerios de los pueblos del interior de la provincia, permanecen abiertos casi todo el día, y a sus puertas se instalan verdaderas ferias donde abundan los puestos de flores, coronas y velas. En este sentido, es sumamente sorprendente encontrar, aun en los lugares más apartados de la provincia, cementerios solitarios, pero con cruces adornadas con arreglos florales o con coronas de flores de papel, que fueron renovadas para el Día de las Almas. 

Productos regionales

A los puestos de flores en los cementerios debemos sumar los que ofrecen pan, golosinas y bebidas regionales como chicha, aloja, vino y aguardiente de los valles. Sin duda, el Día de las Almas es una buena oportunidad para que los visitantes degusten deliciosos platillos artesanales. Esto permite apreciar que en esta celebración, al duelo y a la muerte se encaran de una forma diferente, más bien alegre y original. Es cuando el mundo terrenal se une con el mundo espiritual, y ambos crean una de las ceremonias más arraigadas del norte argentino.

Ofrendas y apacheta

Para algunos estudiosos, como es el profesor Pablo Fortuny, “en las ofrendas del Día de las Almas, se advierte el mismo sentido que en el tributo a la apacheta: doy para que me des. El espíritu de los vivos rinde homenaje al de los muertos. Hay un intento de ‘placación’, es decir lo que el alma apetecía en vida ahí lo tiene, no puede quejarse, todo se ha preparado según sus gustos terrenales. Y así, si el alma volviera no podría resistirse porque ha sido bien atendida”.

Las honras a las almas nuevas

Son las que van a cumplir el primer aniversario de su ausencia (muerte) de la vida terrenal. En algunas zonas del noroeste, para el Día de las Almas se reproducen la forma del ataúd. En cambio en los Valles Calchaquíes solo se suele orar por el difunto en este primer año de ausencia. Si la economía lo permite y hay sacerdote en el lugar, se le encarga una misa que puede ser “de media yunta o de yunta y media”, según la celebre un sacerdote o tres. O también misa de tres sentadas. Si no hay cura permanente, lo principal es orarle rosarios y alabanzas. En otras casas se organizan comidas en homenaje a la nueva alma, en tanto se encienden velas que en lo posible deben estar bendecidas.

FUENTE DIARIO TRIBUNO

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